Cinismo de colores

La soledad es cabrona.

Recién voy comprendiendo cosas, solo al estar lejos, solo al sentir que realmente estoy sola. O que tengo la ilusión de estar sola, de sentirme lejos de lo que "es mío", sin detenerme a cuestionar casi nunca a qué he aprendido a llamar "mío".

Estar lejos de "lo mío" me ha ayudado a crecer. Solo ahora entiendo a qué se referían antaño lOs adultOs al hablarme de "madurez" y comprensión en aquel momento en que yo tuviera la edad biológica para ser profunda. Solo ahora me resulta más clara la maldad del mundo, el cinismo, lo siniestro del oportunismo y la forma en la que este último se convierte en lo normal, hasta despojar de ética todo intento por transformar cosas.

Hace no tanto conocí a una chica, no mucho más grande que yo, afrodescendiente. De ella aprendí que a pesar de nuestros intentos, es difícil lograr la complicidad con alguien con quien no se parte de ni siquiera parecidas experiencias de lucha. La diferenciación por raza, me daba cuenta, nos hacía distintas; pero a medida que las cercanías se hicieron inevitables, comprendí también que la raza es un obstáculo, mas no el único impedimento que debería haber para intentar crear puentes entre... seres pensantes, más aún si se trata de mujeres. Pero entre más inevitables eran los acercamientos, también lo fueron las ganas de realmente hablar de tú a tú.

Conforme el tiempo ha pasado en estas tierras bravas y hostiles con mi neófita experiencia, me resulta imposible aliarme con nadie. Me duele sentirme aislada y que, con mi aislamiento, condene a la soledad política a quienes en esta lucha vamos de la mano, las jóvenes hermanas zoques con diario toco la vida. Me siento incapaz de compartirles las pistas, siquiera, de un mundo otro, uno ajeno, al menos distante, de este que conocemos. Me doy cuenta de que estamos alejadas, apestada yo, señaladas ellas; que no somos las esperadas en la academia; que en la calle, las miradas se evitan; que en redes sociales ni siquiera constituimos ya un intento por debatir; somos invisibles, y también volutnariamente ignoradas. Parto del hecho de que esta sistemática invisibilidad es una consecuencia de señalar, con acciones, ese cinismo y oportunismo siniestro del que mucha gente se da cuenta, pero que no se atreven a enunciar, mucho menos a denunciar. Somos una evidencia más de que la verdad no es la cara que quiere el mundo.

Por más afrodescenciendes y diaspóricas que se nombren, esa banda que hoy se encarga de oficializar nuestra demonización, formaliza y evidencia el clientelismo de las luchas antisistémicas frente a una academia que paga sus viajes, lujos y progresía burguesa. Mientras las "nefastas" mestizas mexicanas somos poco menos que ridículas ante sus ojos y discursos calculadores, tan plegados de eufemismos como de esencializaciones ("por ser negras sufrimos"), ellas se pasean por el mundo dando cátedra de algo que afirman conocer por historia pero que al día de hoy, realmente desconocen y pretenden enunciar por otras a las que no conocen; a las que rechazan; a las que señalan; a quienes se encargan de ponerles encima piedras más grandes de las que de por sí el sistema ya nos tenía destinadas.

En mi país, uno caracterizado por la profunda misoginia vinculada con otras formas de opresión, sus maneras de formalizar los discursos de odio contra quienes hacemos lo que podemos para subvertir estas lógicas desde el ejercicio cotidiano, nos dejan desarropadas, empobrecidas y además, mucho más solas. Aunque sean negras, pues ser negras no las salva de ser cabronas, oportunistas y cínicas; que detrás de todos sus discursos sobre ética y decolonialidad, se esconda la sombra de un patriarcado y neocolonización auspiciada por una academia en constante mutación que les hace nombrar lo que pueden desde su actual privilegio, despolitizando a su paso, avasallante, todo intento profundamente político y de a pie por destruir esto.

Hoy más que nunca sé que el feminismo que intento defender desde este sur, quiere ser lo más radical posible. Y que aunque la racialización sea un tema complejo, no pretendo quedarme con la versión que ellas tienen por darme frente a un contexto que no solo requiere mirar el racismo, sino la profunda misoginia que, a veces, tanto discurso descolonial no logra ver. Para mí, ellas siguen siendo parte del problema. Lástima que frente a esto, la soledad esté tan cabrona  y los contextos tan viciados, que prefiramos activismos autocomplacientes y cínicos, porque son de colores, que voces periféricas intentando hablar desde hace mucho.

Me pregunto si la radicalidad es tal por el solo hecho de ser negra; como se ha cuestionado tanto que ser mujer no nos hace menos misóginas o más radicales cuando de defender nuestros derechos o evidenciar las opresiones que recaen sobre nosotras se trata. El sistema colonial está profundamente arraigado a nuestras prácticas, elecciones, "status quo": ¿Por qué creer que por ser negra la academia no nos hace tal sentido si no es desde una lectura blanca del asunto?  ¿Por qué seguimos necesitando estar lejos del terruño donde crecimos para creer que hacemos verdadero activismo hablando de nuestra condición de opresión de base cuando la de hoy puede resultar completamente lejana de aquella? ¿Por qué pretendemos colonizar la experiencia de los nuevos lugares a los que llegamos sin siquiera acercarnos verdaderamente a ensalzarnos de su realidad, primero, rompiendo los esquemas académicos y adentrándonos en las dinámicas de lo cotidiano? ¿Por qué sigue siendo la experiencia académica la verdaderamente validada? ¿Por qué la candidate proveniente de pueblos originarios solo tiene sentido cuando hablan de ella los centros de investigación o las élites académicas? ¿Por qué escondemos el desprecio por las raíces que decimos defender con los mismos discursetes pendejos de una academia que se encarga de enlatar nuestras prácticas y volverlas exportables? ¿Por qué seguimos eligiendo respuestas simples que se parecen más a la autocomplacencia que a la radicalidad? ¿Por qué le seguimos llamando antirracista a nuestra misoginia y miedo a tensionar las prácticas arraigadas que rigen nuestra sexualidad, gustos y deseos? ¿Porque queremos lana? ¿Porque queremos el mismo tipo de sexo? ¿Porque queremos posición?

El cinismo es de todos los colores; de patriarcado y colonización no estamos exentas ni aunque seamos negras, ni aunque nos dediquemos a dar cátedra de lo que "deberían ser" las luchas en otros territorios que conocemos porque tenemos el varo para caminarlos como turistas. ¡Váyanse a la mierda con sus pinches activismos "descoloniales"-afropanfleteros.

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